04 agosto 2009

Se fue el monte

Anoche, 3 de agosto cerca de las 11.30 murió mi abuelo. El viejo ya tenia 96 años, pero con una salud y lucidez envidiable. Se lo carreteó todo, lo paso re bien; fumó, chupó, tuvo 2 esposas, no sé cuántos hijos y nietos. Fue hijo de una huasita y de un chino won que hizo su gracia y se mandó cambiar. Por eso, un sólo apellido, un sólo nombre: Juan Montenegro, y punto. Cuenta la leyenda que supo lo de su papá sin querer, escuchando una conversa estando arriba de una higuera a los 13, y no se bajó de ahí hasta la noche. Cuenta también que lo mandaron a comprar pan con 5 lucas (de la época) y llegó con un canasto repleto: pan duro por 1 mes. Cuenta que a alguien le compró unos pantalones bien modernos, y terminó luciendo qué pantalones de payaso. Cuenta que se agarró a combos, lo pescaron, le mordieron la oreja, "y me la comí poh, hueón". Ahí quedó el taza.

A mi me contaba de cuando buceaba en el caribe, que cuando le daba hambre estiraba no más la mano pa agarrar un pescao, y lo freía ahí mismo. El se reía, yo lo veía como viejo medio loco ya, y simulaba creerle; simulaba tan bien que hasta mis primos creyeron que yo compraba. Ahí quedé yo, el vi'o


Tenía buena memoria el viejo pa contar sus historias, era buen agricultor, con buen ojo pa sus cebollas, cachó solito dónde las vacas fertilizaban la tierra. Buen ojo pa las carreras también.

Y siempre me insistió, "estudia poncho, estudia lo más que podai"



Supongo que esta noche se fue mi big fish...


-

1 comentario:

Jorge dijo...

Las despedidas son difíciles, las muchas de las veces tristes, pero hoy eres alegre y eso es una muestra de belleza humana inmensurable.

Hace un poco más de 3 años partió mi abuelo, el "abuelo nino" como le llamabamos cariñosamente.

Derramé solitarias lágrimas porque no alcancé a despedirme, pero hoy me contagio de tu alegría, de tu alegre despedida, de saber que nuestros viejos descansan después de una larga vida haciendo lo suyo, de echar raíces, de dejar fulanos como nosotros deámbulando por ahí haciendo lo nuestro.

Sabemos, al ver su cuerpo descansar, que no han partido en vano, que han generado un bola de nieve que no se sabe cómo, cuándo y dónde parará. Sabemos realmente amigo mío, que han logrado la inmortalidad, aquella que sólo es concedida gracias a los bellos recuerdos nos han dejado.

Un abrazo

Jorge Andrade M.